jueves, 11 de marzo de 2010

¿Es romántica El laberinto de Eilithya?

Dixit Ghotam
Me cuenta una amiga que ha estado en la presentación del libro de Virginia Domínguez El laberinto de Eilithya (Atlantis) esta tarde en Logroño. El evento ha ido bien, como cabría esperar de un sarao de este tipo, ambientado en librería de barrio, rematado por un vino de Rioja y con la gozosa compañía del distribuidor, que hizo una semblanza elogiosa de la obra y de la autora a pesar de confesar que no había terminado de leerse el libro. Está enganchado, eso sí.

 La autora es una mujer versada en las diversas formas de la simpatía y disfrutó de la velada, no se sabe si por gracia natural, que la tiene y ha trasladado a sus líneas, o por estar acompañada de familiares y cercanos, en plan, como dijo alguno, "comunidad de vecinos".

Le preguntaron a la autora si había escrito antes. "No", respondió ella, con la salvedad de algunos poemas en su tierna juventud y una obra didáctica sobre Museología. Le preguntaron si se lo había inventado todo, si era obra de su imaginación o bebía de la propia experiencia. Domínguez dijo lo conveniente, que no es posible sustraerse de lo vivido, aunque todo fuera elucubración con intervención de algun sueño. Que cree en la magia, o "en la cara oculta de la luna", que es lo que pretende mostrar al público lector,  en una revisitación de lo obvio a través de otra perspectiva.

No dejó de mencionar la labor de documentación, no ya para el libro, sino la que viene de sus múltiples lecturas -"me he leído hasta la etiqueta del champú"-, y de su licenciatura y doctorado en Historia. Y que se lo ha pasado bomba documentándose y escribiendo, que la obra fue surgiendo así como quien no quiere la cosa y que, en el fondo, lo que pretende con la novela es enseñar.

Y hubo, me dice mi amiga, que tiene un punto malicioso y a todo le saca punta, como flotando en el ambiente, una especie de evitación de la adscripción al género romántico. Alguien le preguntó, como miembro de Adarde que es, sobre su opinión acerca del género, dentro y fuera de España. Domínguez se mojó y dijo que de todo había, como en cualquier otro género, y que siempre salen algunas que acercan el ascua a su sardina cuando ven que la cosa funciona y el sector crece. Que hay millones de escritoras de romántica, y destacó a Mary Jo Putney y a Lisa Kleypas, por la documentación y las tramas. De España, dijo, "hay autoras muy buenas" y ya se sabe que, como las tienes cerca, es mejor no dar nombres que luego te olvidas de alguna y la tenemos.

El caso es que, aludido el género de manera directa, mi amiga escuchó a una asistente preguntar con voz trémula "Pero... no es una novela romántica, ¿no?". Autora y distribuidor la tranquilizaron repitiendo lo dicho al empezar: la novela es romántica porque tiene una historia de amor, pero también es fantástica y además histórica. El distribuidor, probablemente temiendo perder fuerza de ventas entre el sector femenino de la literatura selecta y del masculino en general, se apresuró a puntualizar que es que en toda novela hay algo de amor, una historia romántica o un desenlace vinculado a los asuntos del corazón. Mención expresa a Tolstoi, a través de Anna Karenina, y otros románticos rusos, y hasta a Dashiell Hammet con su Halcón Maltés. Por si acaso.

La asistente trémula pareció respirar tranquila después de esto, aunque la autora barrió para casa y dijo que los lectores de romántica reconocerían los engranajes del género, y que, a fin de cuentas, "el amor mueve el mundo". Pues claro, que se lo digan a Nora Roberts, a Stephenie Meyer y a J.R.Ward y a sus respectivos editores y distribuidores. Vaya que si lo mueve.

En fin, he ojeado el libro, he leído críticas, escuchado opiniones y escarbado en busca de reseñas y la cosa pinta bien. 413 páginas de letra apretada (¿cómo metió eso en los 140 folios del manuscrito, a cuerpo 7? ¿renunció a los márgenes?), una base histórica sin tacha y una mezcla de géneros que no puede fallar.

Mi amiga dice que le gusta, que el tono es ligero y cercano, el estilo contundente y amable, que hay mucho diálogo que descarga y que además tiene humor. Y que todo el sustrato histórico está bien fundamentado y que no se hace farragoso, así que te vas quedando con muchas cosas a medida que la historia te va enganchando. Y todo esto me lo contó mientras degustaba el vino que cerró el evento y acechaba a la autora para ver si soltaba prenda de las dos sucesivas entregas que ha prometido escribir para completar la trilogía.

Ya os contaré más. El vino, de momento, me dice, fue excelente.

Sinopsis en Adarde El laberinto de Eilithya
Entrevista a la autora en Autoras en la Sombra

2 comentarios:

Rebeca dijo...

Me ha encantado la novela. Os la recomiendo a todos/as. En serio.

Monica dijo...

Es genial, aún no he acabado de leerla, pero engancha...

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